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Eso de
que el saber no ocupa lugar, aparte
de ser una mentira comprobada científicamente, es algo que
a los dafnerianos nos está causando muchos males. Cada vez
que vemos una película que nos apasiona, que nos gusta, o
que simplemente no nos deja mal sabor de boca queremos saberlo todo
de ella: Argumento, producción, reparto, dirección
técnica y realización y, cómo no, anécdotas
de revistilla que amenicen nuestra rutina diaria. Así estamos
acumulando en nuestras cabezas una ingente cantidad de información
que nos está alejando
del mundo real para adentrarnos en un viaje ¿sin retorno?
al mundo de lo ficticio, de lo poético, de la ensoñación
cinematográfica. Nuestros ojos se han trocado en lentes y
objetivos de cuerpos de cámara ocultos en nuestras cabezas.
Maldito Séptimo Arte. Ahí van un buen puñado de esas películas
que tanto nos han influido/traumatizado. |
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TIERRA
(Julio Medem, 1996) |
METRÓPOLIS
(Fritz Lang, 1927) |
CUBE
(Vincenzo Natali, 1997) |
TAXI DRIVER
(Martin Scorsese, 1978) |
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ABRE LOS OJOS
(A. Amenábar, 1997) |
BAILAR EN LA OSCURIDAD
(Lars von Trier, 2000) |
RÉQUIEM POR UN SUEÑO
(Darren Aronofsky, 2001) |
AMORES PERROS
(A.Glez-Iñárritu, 2000) |
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BATTLE ROYALE
(Kinji Fukasaku, 2000) |
VÉRTIGO
(Alfred Hitchcock, 1958) |
BARRY LYNDON
(Stanley Kubrick, 1975)
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GRUPO SALVAJE
(Sam Peckinpah, 1970)
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TRAINSPOTTING
(Danny Boyle, 1997) |
APOCALYPSE NOW
(F. Ford Coppola, 1979) |
PULP FICTION
(Quentin Tarantino, 1994) |
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